Tiempo atrás, en una de mis reencarnaciones, elegí ser montaña. Una gran montaña solitaria, enorme, altiva y serena.
Un hilo invisible rodeaba mi base para protegerme de intrusismos ajenos y otros tipos de alergias atmosféricas.
Desde la orientación sur de mi cima observaba los océanos, los mares y lagos de este basto mundo, y en los días claros y azules disfrutaba del canto y la belleza de la danza de las sirenas.
En la orientación norte, el paisaje estaba bordeado por un gran Río de aguas serenas y por un bosque infinito de Alces cuyas ramas acariciaban la orilla del cauce, y las hojas, perfumadas por la brisa del sándalo, mecían con mimo formando pequeñas olas y destellos de luz.
Cuando fui montaña, desde el centro mi cima, en las noches de luna llena, jugaba a ser Antoine de Saint-Exupéry, describiendo planetas llenos de primaveras con volcanes para deshollinar, sabios y sabias con quien dialogar, un blog de dibujo para colorear campos de margaritas y mil rosas sin espinas.
Durante el silencio interior, interrumpido a veces por los trinos de un ruiseñor, se escuchaba la voz despierta de Oscar Winde susurrándome al oído bellos cuentos de amor, y sueños imposibles de mundos resilientes donde reinaba la paz, la justicia, la hermandad...
Cuando fui Montaña...

2 comentarios:
Qué bonito Mariangeles....Si es breve y bueno,dos veces bueno.
Buen sueño ,bello despertar y a seguir escribiendo, tu lo haces muy bien y ayuda a descargar cosas qué ni queremos,ni debemos comentar.
Muy bonito Mari Ángeles. Tiene que ser una gozada vivir en esa montaña, protegida, sin miedo, mirando al exterior desde cualquier punto. No dejes de soñar y de escribir.
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